sábado, 7 de julio de 2012

Que Dios conceda lo que has pedido

CONFIANDO EN DIOS


La historia de Ana y Elcaná es una de esas historias de amor realmente demostrado y respaldado con Dios a través de un milagro.
La Biblia cuenta: “Elcaná tenía dos esposas: Peniná y Ana. Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno” 1 Samuel 1:2 (Traducción en lenguaje actual). Para el tiempo antiguo ser estéril era como deshonra por eso era muy duro para una mujer no poder dar hijos a su esposo. Sin embargo Elcaná amaba de una manera especial a Ana.
La Biblia dice que: “Cuando Elcaná presentaba un animal como ofrenda, les daba una parte de la carne a Peniná y a sus hijos. Pero a Ana le daba la mejor parte porque la amaba mucho, a pesar de que Dios no le permitía tener hijos” 1 Samuel 1:4-5 (Traducción en lenguaje actual). El amor de esposo de Elcaná era demostrado, y es que el verdadero amor va más allá de las lindas palabras o buenas intenciones, el verdadero amor se traduce en acciones, en comprensión, en tolerancia, en respaldo, en compañía en los momentos más difíciles.
Peniná la otra esposa de Elcaná molestaba y se burlaba de Ana por no poderle dar hijos a su esposo, eso hacía que Ana se sintiera triste a tal punto que lloraba mucho y provocaba que hasta ni quisiera comer. Cada año que iban al santuario a ofrecer sacrificio Peniná trataba así de mal a Ana entonces en una ocasión de esas Elcaná le dice lo siguiente a Ana: “En una de esas visitas, Elcaná le preguntó a Ana: «¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué te afliges? Para ti, es mejor tenerme a mí que tener muchos hijos»” 1 Samuel 1:8 (Traducción en lenguaje actual).

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