IDELETTE
la esposa de Calvino
“Ten siempre presente lo que busco hallar en ella; porque no soy yo uno de esos enamorados locos que abrazan incluso los vicios de sus amadas cuando pierden el juicio por la hermosa figura de una mujer. La única belleza que me satisface es esta: que ella sea casta, atenta, ni demasiado bonita ni fastidiosa, económica, paciente y cuidadosa de mi salud”.
Estos eran los requisitos que Juan Calvino buscaba en una esposa. Había permanecido soltero hasta la edad de 31 años, pero sus colegas reformadores William Farel y Martin Bucer le animaban a considerar la posibilidad del matrimonio por causa de su salud, de una casa en orden y de liberarse de esas preocupaciones para servir mejor a la iglesia. Incluso llegaron a ofrecerse para echarle una mano en el asunto, pero después de dos intentos fallidos, la cosa quedó en manos de la providencia.
En 1538 Calvino marchó al exilio desde Ginebra y fijó su residencia en la ciudad de Estrasburgo, en Alemania. Durante este periodo pastoreaba una congregación de refugiados franceses entre los cuales estaban John Stordeur, de la ciudad de Liege, y su esposa Idelette de Bure. Stordeur había sido anabaptista, y se dice que se convirtió a la fe reformada a través de Calvino. Dos años más tarde, la peste asoló Estrasburgo llevándose la vida de Stordeur y dejando a su esposa viuda con dos niños.
Aunque no se sabe nada de su noviazgo, Juan Calvino e Idelette se casaron en agosto de 1540. En la correspondencia de Calvino encontramos muy poca información sobre los ocho años y medio que duró su matrimonio, y muy poco se sabe también de la misma Idelette, pero debió ser una mujer notable y una gran ayuda para el reformador de Ginebra. Su marido la llamaba “una mujer de raras cualidades” y “la fiel ayudante de mi ministerio”. Teodoro de Beza también la describe como una “dama sobria y honorable”. Su vida no fue fácil. Vivir en el siglo XVI ya era bastante difícil si lo comparamos con nuestros niveles de vida actuales, con epidemias continuas, falta de cuidado médico y turbulencias civiles y políticas. Pero lo más importante y evidente era el llamamiento de Dios a la vida de su marido para recuperar y defender la fe una vez dada a los santos. Calvino creía que la lámpara de la Palabra se había extinguido del todo en Europa, y sólo podía recuperarse a través de una exposición fiel de las Escrituras. Esto implicaba predicar diez veces en quince días, dar conferencias sobre teología, y dedicar mucho tiempo al estudio y a escribir. Además de esta inmensa tarea, Calvino era fiel en las visitas a los enfermos y en pastorear el rebaño que le había sido encomendado. Así pues, Idelette no era el objeto fundamental del amor y la devoción de su marido, dado que aunque imperfecto, pertenecía a Dios. Esto requería una falta total de egoísmo y un espíritu amable y generoso en la esposa de un hombre así, que sólo podía venir de la gracia divina.
Pero ella era de un solo corazón y una sola mente con su marido, porque “lo que ella siempre le aconsejaba era ser fiel a Dios a cualquier precio; y para que no se viera tentado a apartarse de su misión o a apartar el cumplimiento consciente de su deber pensando en la comodidad de su mujer, ella le aseguraba siempre su voluntad para compartir juntos los peligros que pudieran sobrevenirle”.
Idelette vivió bajo la sombra de la persecución tanto en casa como en el extranjero. Su marido era considerado como un gran hereje por la Iglesia Católica Romana, y habría sufrido el mismo destino que otros mártires protestantes franceses de haber sido capturado. En Ginebra su vida se hallaba bajo constante amenaza por parte de los Libertarios, que se oponían a todas sus reformas morales. No sabía si un día lo arrojarían al río para que se ahogara o al día siguiente lo lincharía una multitud enfurecida. Algunos ciudadanos le ponían a sus perros el nombre de Calvino para demostrar públicamente su opinión acerca de él.
A todo esto se añadió aún más tristeza. Su primer hijo, Jacques, nació prematuramente en 1542 y murió poco después. Pero incluso en aquella desgracia, la soberanía de Dios fue un ancla para sus almas. “El Señor ciertamente nos ha infligido una amarga herida con la muerte de nuestro hijo. Pero Él es Padre y sabe lo que es necesario para sus hijos”. Dos años después, Idelette dio a luz a una hija que moriría de fiebres, y más tarde a un tercer hijo que también murió en la infancia, de lo cual ella nunca se recuperó.
Calvino no se separó de la cama de su esposa hasta que murió a la edad de 40 años en marzo de 1549, probablemente de tuberculosis. Pierre Viret describe la condición de su amigo como “un corazón tan roto y lacerado” que a la vez buscaba la fuerza para que la pena no lo venciera y poder seguir cumpliendo con sus deberes. Calvino nunca volvió a casarse. Respecto al impacto duradero que Idelette supuso en la vida y el ministerio de su marido, dejaremos que sea el propio Calvino el que hable por sí mismo: “Sabes bien qué tierna, o más bien blanda, es mi mente. Si no se me hubiera concedido un poderoso autocontrol, no podría haber resistido tanto tiempo. Y ciertamente, la mía no es una clase de dolor corriente. He sido privado de la mejor compañía de mi vida, de una que, si hubiera estado así dispuesto, habría compartido con gusto no sólo mi pobreza sino también mi muerte. Durante su vida, ella fue la fiel ayudante de mi ministerio. Nunca experimenté por su parte la más mínima pega. Nunca me creó ningún problema, y procuraba no preocuparme durante todo el curso de su enfermedad, y estaba más ansiosa por sus hijos que por ella misma. Como yo me temía que estas preocupaciones mías podrían molestarla, tres días antes de su muerte le mencioné que no dejaría de cumplir con mi deber hacia sus hijos. A lo que ella, yendo directamente al grano, respondió: “Ya los he encomendado a Dios”. Cuando le dije que no me impidiese cuidar de ellos, ella contestó: “Ya sé que no dejarás de cuidar lo que sabes que te ha sido encomendado por Dios”. Su bondad era tan grande que parecía haber abandonado ya el mundo. Sobre la hora sexta del día, en la que entregó su alma al Señor, nuestro hermano Bourgouin (un anciano de la iglesia de Ginebra) le dirigió algunas piadosas palabras, y mientras lo hacía, ella habló en voz alta, para que todos vieran que su corazón se estaba levantando por encima de este mundo. Porque estas fueron sus palabras: “¡Oh resurrección gloriosa! ¡Oh, Dios de Abraham y de todos nuestros padres, en Ti han confiado los fieles durante tantos siglos pasados, y ninguno de ellos confió en Ti en vano! ¡Yo también esperaré!”
HE VISTO AL QUE ME VE
Investigando la historia de AGAR, encontramos que está relatada en dos partes:
1. GÉNESIS 16:1-15 AGAR, embarazada, huye del hogar. El ángel de
JEHOVÁ le sale al encuentro, y la bendice. Ella regresa, y nace ISMAEL.
2. GÉNESIS 21:8-21 AGAR y su hijo ISMAEL son expulsados del hogar. Moribundos en el desierto, son socorridos por DIOS.
2. GÉNESIS 21:8-21 AGAR y su hijo ISMAEL son expulsados del hogar. Moribundos en el desierto, son socorridos por DIOS.
La vida de AGAR se desarrolla, aproximadamente, unos 1900 años antes del nacimiento de Cristo.
Como sabemos, AGAR era la sierva egipcia de SARA, quien fue dada por mujer a ABRAHAM para tener hijos con ella.
Como sabemos, AGAR era la sierva egipcia de SARA, quien fue dada por mujer a ABRAHAM para tener hijos con ella.
El nombre de AGAR (o HAGAR) puede traducirse como “errante, vuelo,
huída, forastera”. De modo que es como una descripción de su propia
existencia.
Podemos observar que AGAR reunía en su persona tres elementos que la ponían en la peor condición en la que un ser humano podía hallarse en esa época: era ESCLAVA, EXTRANJERA y MUJER. Muchos siglos después, la secta de los fariseos recitaba una oración matutina de acción de gracias, que decía: “Señor, te doy gracias, porque no soy esclavo, ni gentil, ni mujer”.
Tal vez para contrarrestar esta concepción discriminatoria es que Pablo declara a los Gálatas: “No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gál. 3:28)
Nos damos cuenta que cada uno de esos estado era, de por sí, muy desfavorable. ¡Imaginemos la situación de una persona que concentraba a los tres!
Y esa era la tristísima condición de AGAR.
A propósito de la condición desfavorable en que pueden encontrarse algunas mujeres, hallamos en el libro EXTRAORDINARIAS MUJERES DE LA BIBLIA, de Eunice Faith Priddy, el siguiente testimonio de una mujer venezolana: “Siempre me pregunté en el fondo de mi corazón si a Dios le importaría algo acerca de las mujeres. Ahora, después de escuchar su programa, se que sí. Me alegro de que Dios me ame, aún si soy una mujer.”
Podemos observar que AGAR reunía en su persona tres elementos que la ponían en la peor condición en la que un ser humano podía hallarse en esa época: era ESCLAVA, EXTRANJERA y MUJER. Muchos siglos después, la secta de los fariseos recitaba una oración matutina de acción de gracias, que decía: “Señor, te doy gracias, porque no soy esclavo, ni gentil, ni mujer”.
Tal vez para contrarrestar esta concepción discriminatoria es que Pablo declara a los Gálatas: “No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gál. 3:28)
Nos damos cuenta que cada uno de esos estado era, de por sí, muy desfavorable. ¡Imaginemos la situación de una persona que concentraba a los tres!
Y esa era la tristísima condición de AGAR.
A propósito de la condición desfavorable en que pueden encontrarse algunas mujeres, hallamos en el libro EXTRAORDINARIAS MUJERES DE LA BIBLIA, de Eunice Faith Priddy, el siguiente testimonio de una mujer venezolana: “Siempre me pregunté en el fondo de mi corazón si a Dios le importaría algo acerca de las mujeres. Ahora, después de escuchar su programa, se que sí. Me alegro de que Dios me ame, aún si soy una mujer.”
Esta revelación es similar a la que recibió AGAR en el desierto. El
ángel de JEHOVÁ le salió al encuentro cuando ella andaba errante bajo el
sol abrasador, y esto la hizo sentirse reconocida como persona:
DIOS la ve, la llama por su nombre, se interesa por su problema, se compadece de su aflicción, la bendice a ella y a su descendencia, y le dice qué hacer al ver su gran confusión.
Entonces AGAR de pronto entiende el privilegio de que DIOS la ha hecho objeto, y se expresa maravillada: “¡Este es DIOS que ve!”. Seguramente recordaría los ídolos que había conocido en su infancia en Egipto: estatuas rígidas, frías, de piedra o metal, y miradas vacías y sin vida.
Hasta que ese día, inesperadamente, se encuentra frente a frente con un DIOS vivo, que puede verla y escucharla. Y esta experiencia personal con un DIOS que no es indiferente a la opresión y al clamor, sino que viene y salva, la convierte en teóloga, según lo interpreta Mercedes Navarro; porque AGAR le pone nombre a DIOS llamándolo “El Roí”, el que ve, porque puede hablar con Él, decir quién es, y cómo es, desde su propia experiencia.
Ese es el testimonio personal de AGAR, pero cada una de nosotras tiene el suyo, porque un bienaventurado día DIOS nos salió al encuentro, y nos ofreció Su salvación. También nosotras andábamos errantes en algún desierto, sin saber que había dos ojos amorosos fijos en nuestros pasos, y una presencia que no se apartaba de nuestro lado. Porque sabemos que el SEÑOR dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, yo os elegí a vosotros.” (Jn 15:16). Y luego Juan también dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” (1Jn. 4:19).
De modo que cuando creímos y fuimos salvas nuestras vidas comenzaron a ser restauradas y bendecidas. Sin embargo, puede que –como AGAR- en algún momento tengamos que volver al desierto; quizá el SEÑOR necesite probar nuestro corazón para limpiarnos, perfeccionarnos, y para que, pasada la aflicción, seamos mujeres mucho más maduras.
De este estudio podemos extraer algunas enseñanzas:
• Recordemos que JESÚS, dijo: “Cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Lc 18:14)
• Aceptemos la voluntad de DIOS sabiendo que Él tiene un propósito para nuestras vidas.
• Confiemos plenamente en DIOS porque Él tiene cuidado de nosotras y de nuestras familias, y que nada de lo que sucede puede escapar a Su conocimiento.
• Confesemos todo orgullo, egoísmo, indiferencia, o cualquier otro pecado que pudiera existir en nosotras, que haya contribuido a aumentar las dificultades en nuestras vidas.
• Seamos agradecidas porque tenemos un PADRE que todo lo ve y que nos ama con amor eterno.
Para terminar, les propongo que no nos olvidemos de ISMAEL.
ISMAEL es “el hijo olvidado del patriarca”, como lo señala el Pr. Federico Bertuzzi. Sabemos que SARA, que fue la de la idea, la que deseaba desesperadamente que naciera, llegó a despreciarlo; Abraham, que era su padre, no pudo protegerlo; y la pobre AGAR, aunque víctima de las circunstancias, con su actitud puso en peligro la vida de su propio hijo. De modo que los adultos que eran los responsables de la existencia y bienestar de ISMAEL, fallaron. Sólo DIOS fue fiel y “estaba con él”.
Cuando el pastor Bertuzzi presentó la misión al mundo islámico ante la congregación, nos dijo que para que la promesa de restauración (Is. 60:6-7) hecha a la descendencia de ISMAEL –los pueblos árabes- tenga cumplimiento, ellos deben conocer y recibir el Evangelio de JESUCRISTO.
Para esto debemos predicar las Buenas Nuevas al mundo musulmán, apoyar a las misiones destinadas a ellos, interceder por los hombres y mujeres que han sentido el llamado de DIOS para anunciarles la Salvación, y rogar -en manera muy especial- por los nuevos creyentes, ya que en la mayoría de los países árabes hay gran persecución; abandonar el Islam es considerado “delito de apostasía”, y convertirse al cristianismo es penado con la cárcel e incluso la muerte.
Entonces AGAR de pronto entiende el privilegio de que DIOS la ha hecho objeto, y se expresa maravillada: “¡Este es DIOS que ve!”. Seguramente recordaría los ídolos que había conocido en su infancia en Egipto: estatuas rígidas, frías, de piedra o metal, y miradas vacías y sin vida.
Hasta que ese día, inesperadamente, se encuentra frente a frente con un DIOS vivo, que puede verla y escucharla. Y esta experiencia personal con un DIOS que no es indiferente a la opresión y al clamor, sino que viene y salva, la convierte en teóloga, según lo interpreta Mercedes Navarro; porque AGAR le pone nombre a DIOS llamándolo “El Roí”, el que ve, porque puede hablar con Él, decir quién es, y cómo es, desde su propia experiencia.
Ese es el testimonio personal de AGAR, pero cada una de nosotras tiene el suyo, porque un bienaventurado día DIOS nos salió al encuentro, y nos ofreció Su salvación. También nosotras andábamos errantes en algún desierto, sin saber que había dos ojos amorosos fijos en nuestros pasos, y una presencia que no se apartaba de nuestro lado. Porque sabemos que el SEÑOR dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, yo os elegí a vosotros.” (Jn 15:16). Y luego Juan también dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” (1Jn. 4:19).
De modo que cuando creímos y fuimos salvas nuestras vidas comenzaron a ser restauradas y bendecidas. Sin embargo, puede que –como AGAR- en algún momento tengamos que volver al desierto; quizá el SEÑOR necesite probar nuestro corazón para limpiarnos, perfeccionarnos, y para que, pasada la aflicción, seamos mujeres mucho más maduras.
De este estudio podemos extraer algunas enseñanzas:
• Recordemos que JESÚS, dijo: “Cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Lc 18:14)
• Aceptemos la voluntad de DIOS sabiendo que Él tiene un propósito para nuestras vidas.
• Confiemos plenamente en DIOS porque Él tiene cuidado de nosotras y de nuestras familias, y que nada de lo que sucede puede escapar a Su conocimiento.
• Confesemos todo orgullo, egoísmo, indiferencia, o cualquier otro pecado que pudiera existir en nosotras, que haya contribuido a aumentar las dificultades en nuestras vidas.
• Seamos agradecidas porque tenemos un PADRE que todo lo ve y que nos ama con amor eterno.
Para terminar, les propongo que no nos olvidemos de ISMAEL.
ISMAEL es “el hijo olvidado del patriarca”, como lo señala el Pr. Federico Bertuzzi. Sabemos que SARA, que fue la de la idea, la que deseaba desesperadamente que naciera, llegó a despreciarlo; Abraham, que era su padre, no pudo protegerlo; y la pobre AGAR, aunque víctima de las circunstancias, con su actitud puso en peligro la vida de su propio hijo. De modo que los adultos que eran los responsables de la existencia y bienestar de ISMAEL, fallaron. Sólo DIOS fue fiel y “estaba con él”.
Cuando el pastor Bertuzzi presentó la misión al mundo islámico ante la congregación, nos dijo que para que la promesa de restauración (Is. 60:6-7) hecha a la descendencia de ISMAEL –los pueblos árabes- tenga cumplimiento, ellos deben conocer y recibir el Evangelio de JESUCRISTO.
Para esto debemos predicar las Buenas Nuevas al mundo musulmán, apoyar a las misiones destinadas a ellos, interceder por los hombres y mujeres que han sentido el llamado de DIOS para anunciarles la Salvación, y rogar -en manera muy especial- por los nuevos creyentes, ya que en la mayoría de los países árabes hay gran persecución; abandonar el Islam es considerado “delito de apostasía”, y convertirse al cristianismo es penado con la cárcel e incluso la muerte.
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