jueves, 12 de julio de 2012

Perdoname Dios cuando me quejo...

Perdoname Dios cuando me quejo...


Hoy, viajando en un autobus vi una hermosa muchacha con cabello de oro, y expresión de alegrí­a; envidié su hermosura.
Al bajarse, la vi cojear. Tení­a solo una pierna, y
apoyada en su muleta, sonreía.
PERDONAME SEÑOR, CUANDO ME QUEJO.
TENGO DOS PIERNAS, Y EL MUNDO ES MIO!
Fui después a comprar unos dulces
Me atendió un muchacho encantador.
Hablé con él; parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde no me hubiera importado, ya que al salir, oí que decía:
Gracias por charlar conmigo.... es Usted tan amable, es un placer hablar con gente como usted.........ya vé, soy ciego...
PERDONAME SEÑOR CUANDO ME QUEJO.
Y PUEDO VER, Y, EL MUNDO ES MIO !
Más tarde, caminando por la calle vi a un pequeño de ojos azules, que miraba jugar a otros niños, sin saber qué hacer.
Me acerqué y le pregunté: ¿ Porqué no juegas con ellos ? Siguia mirando hacia delante sin decir una palabra: entonces comprendí que no escuchaba.
PERDóNAME SEÑOR CUANDO ME QUEJO.
YO PUEDO ESCUCHAR, Y, EL MUNDO ES MíO !
Tengo piernas para ir a donde quiero...
Ojos, para ver los colores del atardecer...
Oí­dos para escuchar las cosas que me dicen.
PERDONAME SEÑOR CUANDO ME QUEJO.
LO TENGO TODO, Y, EL MUNDO ES MIO!
NO LE DIGAS A DIOS CUAN GRANDE
ES TU PROBLEMA......
DILE A TU PROBLEMA
CUAN GRANDE ES TU DIOS!!!!!!!

lunes, 9 de julio de 2012

EL VALOR DE LAS MUJERES

EL VALOR DE LAS MUJERES


                                
      
 
Las mujeres tienen fuerzas que asombran a los hombres.
ellas cargan niños,penas y cosas pesadas, sin embargo,
tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.
Ellas sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar,
lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas.

Las mujeres esperan una llamada por teléfono
de su hombre avisando que llego sano
y diciéndole que la extraña.

Las mujeres tienen cualidades especiales.
Se ofrecen para las causas Buenas,
son voluntarias en hospitales,
llevan comidas a los necesitados.

Ellas trabajan como niñeras, amas de casa,
abogadas y solucionan disputas entre niños y vecinos.
Usan trajes,vaqueros, uniformes y minifaldas.

Las mujeres recorren largos caminos para conseguir
la mejor escuela para sus hijos
y la mejor atención para la salud de su familia.

Ellas no aceptan un "no" como respuesta cuando
están convencidas que hay una solución.

Las mujeres escriben una carta de amor a su hombre
y saben pedir perdón y perdonar.
son inteligentes y saben de su poder, sin embargo,
saben usar su lado suave cuando quieren conseguir algo.

Las mujeres se alegran o lloran cuando se enteran
de un nacimiento o matrimonio.
Saben que un abrazo, un beso y un "te amo"
puede sanar un corazón roto.

Una mujer puede lograr, que una mañana,
una tarde o una noche romántica sean inolvidables.

Las mujeres vienen en todos los tamaños,
colores y formas; viven en casas, cuartos, cabañas.

Ellas corren, manejan, caminan o usan el e-mail.
el corazón de una mujer es lo que hace girar el mundo.

Todo lo que ellas quieren es un abrazo, un beso, una caricia.
las mujeres tienen mucho que decir y mucho para dar.

La belleza de la mujer no esta en la ropa que lleve,
la figura que tenga o la forma en que se peine.

La belleza de una mujer debe verse en sus ojos,
a través de ellos, porque es la puerta a su corazón,
el lugar donde el amor reside.
También se refleja en su alma.
es el cuidado que ella le da a la pasión para estar con el
que ama a quien se entrega inocentemente.

Es el cuidado que ella le da a su amado cuando esta enfermo
o cuando le prepara una taza de té en las noches de invierno.
la belleza de una mujer con el paso de los años crece.

Dios los bendiga
Su hermana y amiga
Amada

 


Probrecita YO 

 

 

 Cuando iba a la secundaria, en el colegio había una profesora que siempre que alguna de las alumnas lloraba ante un regaño o una llamada de atención, le decía la “pobrecita yo”. Según ella, eso era una manifestación de autocompasión, era decirse a una misma: “pobrecita yo, que me hacen sufrir, pobrecita yo, que estoy siendo atacada…”. Las demás compañeras lo considerábamos humillante e injusto, pero al paso del tiempo y de las experiencias de la vida, una se va dando cuenta de que los mayores tenían razón.
Las mujeres fuimos hechas más sensibles que los hombres, nos dejamos llevar fácilmente por nuestras emociones. Pero si rebasamos los límites de nuestra sensibilidad natural, nos convertimos en mujeres susceptibles, vulnerables, aprehensivas o lo que se llama comúnmente, en personas sentidas, de esas que hay que tratar con pinzas. Se hacen difíciles las relaciones con personas así. Andan por la vida sintiéndose “pobrecita yo”, sintiéndose atacadas ante la menor crítica o diferencia de opiniones. Tienden a exagerarlo todo, creen que el mundo está en su contra y todo lo toman como algo personal. Se quiebran la cabeza haciéndose conjeturas negativas respecto a lo que los demás piensan o dicen de ellas.
Todos somos susceptibles en mayor o menor grado, dependiendo de donde nos duela más. Cuando nos sentimos atacados en nuestros puntos débiles, nos ponemos a la defensiva. Generalmente todo tiene su origen en la infancia. Alguna experiencia traumática nos pudo haber dejado secuelas emocionales, que al ser removidas, nos lleva a la autocompasión, pero ésto puede ser superado. En primer lugar, reconocer que se es una persona susceptible y tener el sincero deseo de dejar de serlo, porque ésto nos causa daño. Debemos proponernos dejar de ver “moros con trinchete” por todos lados y no actuar siempre a la defensiva. No tomarnos todo tan a pecho, eso provoca stress. Aprender a aceptar que no siempre vamos a recibir la aprobación de los demás. Una buena sugerencia es escribir un diario, esto ayuda mucho a conocerse a sí mismo y a descubrir los porqués de nuestras reacciones. Pensar positivamente, erradicando de nuestra mente todo pensamiento negativo y destructivo. Convencernos de echar fuera a esa “pobrecita yo” que tenemos dentro para empezar a vivir una vida sin culpas, sin autocompasión ni malos pensamientos.

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Salmo 27:1

 

Honra y Hermosura


Sin duda uno de los temas interesantes en la Palabra de Dios es el de las vestiduras.  Al principio cuando Dios crea al hombre y a la mujer leemos que ellos  vivían desnudos y sin vergüenza ni culpa; sin embargo, a causa del pecado vino el hecho de que Dios mismo diseña y hace ropas a nuestros primeros padres.  Quiere esto decir que para Nuestro Dios siempre ha sido importante la vestidura ya que el mismo la creo para cubrir la desnudez del ser humano.
A través de toda la Biblia podemos ver que la textura, los colores y los diseños  de las ropas tienen su respectiva integración en los cultos del pueblo de Israel.  Leemos en el capítulo 28 de Éxodo sobre las vestiduras sacerdotales y específicamente el verso 2 donde dice que deberían ser para “honra y hermosura”. Vale la pena aclarar que  a pesar de que estamos dilucidando este tema; no es que estamos reemplazando nuestra vida espiritual, o nuestro testimonio por unas ropas físicas; las dos cosas deben estar en equilibrio.  La palabra “honra” se define como estima, respeto, dignidad; mientras que la palabra “hermosura” se define como agradable a la vista.  Hoy día escuchamos mucha gente que Dios lo que mira es el corazón, por eso debemos acudir a la Palabra de Dios que es nuestra guía de conducta y podamos vivir vidas dignas como hijos de Dios.  Aclaro que tampoco debemos ser extremistas, un vestido decente y a la moda no es malo.  El que estés atractiva no viola los principios bíblicos, pero debemos vestirnos de modo que mostremos nuestra feminidad y no nuestra sexualidad.
Muchos piensan que lo bello es malo, que las mujeres deben vestirse con ropa grande, color negra, cabello recogido y nada de maquillaje para no llamar la atención.  Pero la mujer es una de las obras más hermosas que hizo el Creador y la hizo con sus propias manos para coronar la creación  ¡Un diseño exclusivo del Altísimo!
El último grito de la moda no debería dictar y definir nuestro vestido y adorno; por el contrario deberíamos tener la confianza de que la mayor parte de nuestro atractivo no depende de lo que hayan en los estantes, sino que emerge de nuestro ser interior, nuestra apariencia no determina nuestro carácter.
Concluyo mi reflexión recordándote lo que  nos dice 1 Juan 2:17 “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”